Mundial Sudáfrica. Holanda elimina a Brasil y es semifinalista

Holanda 2 – Brasil 1

Holanda: Maarten Stekelenburg; Gregory Van der Wiel, John Heitinga, Andre Ooijer, Giovanni Van Bronckhorst; Mark Van Bommel, Nigel De Jong; Wesley Sneijder, Dirk Kuyt, Arjen Robben; y Robin Van Persie (m.85, Jan Huntelaar). Seleccionador: Bert Van Marwijk.

Brasil: Julio César; Maicon, Lúcio, Juan, Michel Bastos (m.62, Gilberto); Gilberto Silva, Felipe Melo, Daniel Alves; Kaká; Robinho y Luis Fabiano (m.77: Nilmar). Seleccionador: Dunga.

Goles: 0-1, m.10: Robinho. 1-1, m.55: Felipe Melo en propia meta. 1-2, m.68: Sneijder.

Árbitro: el japonés Yuichi Nishimura expulsó a Felipe Melo (m.73) por falta sobre Robben. Y amonestó a Heitinga, Michel Bastos, Van der Wiel, De Jong y Oojier.

Incidencias: partido de los cuartos de final disputado en el estadio Nelson Mandela, de Puerto Elizabeth, ante 46.732 espectadores.

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Holanda necesitó 36 años y ocho mundiales para infligir a Brasil una de sus derrotas más amargas tras imponerse, con remontada incluida, en los cuartos de final por 2-1.

Sneijder vale un imperio. Holanda, país exquisito en el mundo del fútbol porque siempre destacó por su juego atildado pero por su poca eficacia, se ha ganado el respeto en Sudáfrica. La selección ‘oranje’ doblegó a la ciclotímica Brasil con el toque, con la precisión en las mezclas y con un descaro que desacreditó a quienes le presuponían un tono competitivo irrelevante. Sneijder solventó los apuros con dos goles e iluminó a Holanda al tiempo que descabalgó a Brasil, selección que contempla como fracaso todo lo que no es laurearse en el torneo.

Tras una primera parte en la que los de Dunga pudieron dejar prácticamente resuelto el partido liderados por un Robinho inmenso, el encuentro tuvo un cambio radical después del gol del empate de Holanda y la ‘canarinha’ se quedó sin argumentos, sin ideas y sin toda la entidad que se le supone.

Arrebatadora, con combinaciones en las posiciones concluyentes, incluso con adornos de tacón, bicicletas y caños, Brasil se presentó al encuentro como un equipo sin fisuras. Aseado en defensa; demoledor en ataque. Holanda pareció por momentos un rival de papel mojado, empequeñecido por la voracidad y la circulación del cuero del adversario. Robinho era ese futbolista desequilibrante del Santos que enamoró al mundo; Kaká atendía con igual eficacia al juego por los pasillos interiores como las cabalgas de Maicon por la derecha; y Luis Fabiano afilaba el gol con unos desmarques estupendos, con unos arrastres que generaban espacios tan generosos como definitivos. Así, Felipe Melo recibió en su campo, avanzó unos metros y vio las diagonales del frente de ataque. Luis Fabiano a la banda para descuajaringar a los centrales y Robinho al centro para recibir el balón. De primeras, hábil para pillar en tierra de nadie al portero, engatilló el menudo brasileño para adelantar a Brasil. Parecía que había vuelto el ‘jogo bonito’. Fue una ilusión de 45 minutos, lo que tardó Sneijder en reactivarse.

Juega Holanda sin un delantero centro porque el técnico Van Marwijk entiende que su selección hace daño con las llegadas desde la segunda línea. No le importa carecer de un ariete que no fije a los centrales porque prefiere las embestidas de Robben, Kuyt, Van Persie y Sneijder. Y funciona de rechupete porque la ‘oranje’ ha descontado a todos los rivales (Dinamarca, Japón, Camerún, Eslovaquia y Brasil) con victorias. Ayer, una vez más, Sneijder, que este año ha ganado la Champions, la Serie A y la Coppa, presentó su candidatura para discutirle el Balón de Oro a Messi. Así, recortó en el vértice del área, cargo la pierna izquierda y soltó un centro envenenado que se enfilaba a la portería. Julio César, quizá el mejor portero del mundo, salió a por uvas porque midió mal el salto y chocó con Melo, que acarició con la cresta la pelota para meterla dentro de su portería. No sería la única pifia de Melo.

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El centrocampista, máxima expresión de Dunga, calco del entrenador en sus tiempos mozos, es un futbolista que da más patadas que pases, que se dedica a destruir el juego antes que ejercer de arquitecto. Y pierde la cabeza con frecuencia. Se midió con Robben, perdió la partida tras endosarle dos patadas y, no contento, le clavó los tacos cuando la pelota ya no estaba en juego. Expulsión más que merecida y condenación para Brasil. Sobre todo porque Sneijder la había liado de nuevo. Robben lanzó un saque de esquina, Kuyt la peinó en el primer palo y Sneijder remató a gol de cabeza. Dos goles, una sentencia.

Sin más respuesta, Brasil se perdió en el campo dando tumbos, entradas a destiempo y provocando rifirrafes que solo le perjudicaban. La réplica la dio Holanda, que siguió con su juego de toque, con el ataque por bandera, como si dijera al mundo que es una selección de fútbol plástico, que todas las críticas a su resultadismo se desvanecían en los momentos claves y ante la selección favorita. Sneijder, mientras tanto, sonreía por el campo. Se creía Superman. Con razón.

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